domingo, 8 de junio de 2008

El Arpista de las Cícladas



Se suele considerar a Grecia como la cuna de la civilización occidental. En efecto, muchas de las características que han configurado a Europa como pueblo tuvieron en la Grecia del siglo V a. c. sus más claros antecedentes. Sin embargo, Grecia no pudo surgir de la nada, y los grandes logros culturales del llamado siglo de Pericles tuvieron sus correspondientes ensayos y experimentaciones, algo que, lógicamente, se puede apreciar en el Arte de una forma más o menos clara.

En efecto, el Arte Griego pasó por diversos estadios antes de llegar a la cumbre estética que supuso la figura de Fidias y la relaización de el Partenón. Pero incluso antes de esos estadios previos, nos encontramos con la llamada civilización creto-micénica en el ámbito de las islas del Mar Egeo, verdadero laboratorio del mundo clásico. En el caso de la escultura, los ejemplos más destacados se encuentran en el conjunto de estatuillas encontradas en las Islas Cícladas. Realizadas generalmente en mármol, suelen ser de tamaño reducido. Lo que más nos llama la atención en la actualidad de estas obras es la asombrosa capacidad de abstracción con que han sido realizadas, de forma que con un reducido número de elementos, dan notas de gran expresividad. Así, las cabezas se reducen a óvalos en los que sólo se destaca la nariz. Se han localizado tanto cabezas aisladas como figurillas completas como la que hoy os traigo a este blog. El famoso Arpista de Keros es un prodigio estético en el que la simplificación de formas alcanza un papel protagonista. Encontrada a finales del siglo XIX en una tumba de la isla de Keros (lo que nos lleva a pensar en su carácter funerario), la obra parece estar compuesta únicamente a base de elementos geométricos. Una depuración formal que fue una búsqueda incesante por parte de un buen número de escultores de la primera mitad del siglo XX que, paradójicamente, intentaban alejarse de los presupuestos de la escultura clásica. El círculo se cerraba entonces y volvía al punto de partida.

Un ejemplo de que una escultura datada entre el 2800 y el 2300 a.C. también puede ser moderna. Un nuevo caso para poder decir aquello de que el arte no puede ser moderno, el arte es eterno.

5 comentarios:

Clara y Cristina dijo...

Hola Gonzalo!muchas gracias por visitarnos y escribirnos. Me alegra mucho que te guste nuestro blog. Has visto todas las visitas extranjeras que tenemos ya!por cierto te recomiendo que la próxima vez le eches un vistazo a los videos que están al final porque son muy buenos (por lo menos para mí) :D y también hemos añadido tu blog a nuestra lista porque me parece muy interesante, lo he estado mirando un poco.
Clara

Alejandro CD dijo...

Gonzalo:

Gracias por visitar mi blog. Poco a poco está adquiriendo su personalidad propia y tengo en mente la idea de que este blog va a relanzar las artes Decorativas. Cuando la sección de colaboraciones empiece a dar sus frutos, todo marchará sobre ruedas.
Llegado a este punto, quería proponerte una colaboración sobre platería sevillana para mi web, ¿qué me dices?
Un abrazo.

Alejandro

Dédalus dijo...

Moderno o no, el arte sobrevive a los tiempos. Al menos ese arte que no sólo transmite belleza, sino también inspiración y esfuerzo.

Un abrazo, Gonzalo. Buena entrada.

Gonzalo González dijo...

Clara y Cristina, una alegría veros por aquí, a ver si pasáis más!

Alejandro, ahora ando mal de tiempo, pero de aqui a un mes espero hacer algo para tu blog, a ver cuando nos ponemos de acuerdo!

Gracias por tu comentario, Dédalus

Jolan dijo...

Una de mis obras favoritas. Me encanta el arte cicládico y la expresividad de esta figura es excepcional. Cuando fui a Atenas la pude ver en el museo arqueológico, y de hecho compré una réplica en las tiendas de antigüedades.

Saludos!

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