miércoles, 27 de septiembre de 2017
Ocaña, el pintor de Cantillana
lunes, 28 de agosto de 2017
Matazo Kayama: Naturaleza e instrospección
lunes, 2 de agosto de 2010
Guðjón Samúelsson.

Cuando estudiamos la evolución de los estilos artísticos en arquitectura, resulta sintomático que, en lo que a la arquitectura contemporánea se refiere, encontremos pocos ejemplos notorios dentro de la tipología religiosa. Pero eso no significa que no haya habido aportaciones de interés.
El período de entreguerras asistió al desarrollo del Expresionismo, aplicado, básicamente, a las artes plásticas (pintura y escultura). Las características del movimiento hacían poco viable un desarrollo de esos mismos presupuestos en la construcción de edificios. Sin embargo, y pese a lo que pudiera parecer, sí tenemos algunos ejemplos de arquitectura expresionista. Ejemplos quizá aislados, curiosos, caprichosos si se quiere, pero, en cualquier caso, testimonios de una época y de una sensibilidad muy concreta.
El Expresionismo fue un movimiento especialmente relevante en los países del norte de Europa. No es casualidad, por tanto, que sea en Dinamarca donde encontremos el ejemplar más destacado de arquitectura religiosa expresionista. Se trata de la Iglesia de Grundtvig, en Copenhague, construida entre 1921 y 1926 por Peeder y Kaare Klint. La fachada reproduce la estructura de un gran órgano de ladrillo que alcanza los 49 metros de altura. La finalidad del edificio queda clara al provocar en el espectador una reacción inmediata en la que priman los sentimientos sobre la razón, y la arquitectura está plenamente sometida, según vemos, a la expresividad de todos y cada uno de los elementos constructivos. Incluso la ubicación de la iglesia, con una calle marcando la perspectiva de la fachada principal, es claramente intencionada y busca esa misma respuesta en el espectador, que se verá sorprendido por la presencia de aquella gran y extraña mole de ladrillo.
Siguiendo los pasos de esta singular obra nos encontramos con la figura de otro arquitecto nórdico, como es Guðjón Samúelsson (1887-1950), de origen islandés. Él es el áutor de la portentosa iglesia que encabeza esta entrada, la Hallgrímskirkja de Reykjavik (Islandia). Comenzó a levantarse en 1948, cuatro años después de conseguir Islandia la independencia de Dinamarca. No resulta extraño, por tanto, que para levantar este edificio sirviera de inspiración la obra de un arquitecto danés, de modo que, a pesar de que se comenzara a edificar 20 años después, las conexiones resultan más o menos claras. Hay que matizar, no obstante, que este ambicioso proyecto no sería terminado en su totalidad hasta 1986. Aún así, el aspecto es bastante unitario, y todo parace indicar que se siguieron con relativa fidelidad las trazas del proyecto original de su autor, fallecido tan sólo dos años después de comenzarse los trabajos en el centro de la capital islandesa. De planta de salón y una única nave, la iglesia viene a ser una adaptación contemporánea de los templos germánicos y nórdicos de la Baja Edad Media. Una interpretación de la hallenkirchen alemana en la que sobresale una fachada sumamente original de la que su torre es absoluta e indiscutible protagonista con sus 75 metros de altitud, siendo el edificio más alto del país y una seña de identidad de la ciudad, sobre la que planea orgullosa, destacándose sobre un caserío de poca altura, y siendo visible prácticamente desde cualquier punto de Reykjavik.
viernes, 30 de abril de 2010
Delvaux sueña en silencio
El mundo de los sueños, que tanto interpretó el Surrealismo a nivel pictórico, escultórico, literario e incluso cinematográfico a partir de la década de los años 20 del pasado siglo, tuvo en su época un digno y curioso representante en Paul Delvaux (1897-1994). De nacionalidad belga, y aunque comenzó siendo un pintor de tendencia expresionista, pronto se sintió influenciado por su compatriota René Magritte, autor adscrito al Surrealismo desde sus comienzos, allá por 1926. Magritte, que juega en no pocas ocasiones con el juego de las apariencias y los equívocos, fue un punto de referencia para que Delvaux creara obras como Mujer ante el espejo o La Aurora, por citar sólo unos ejemplos. Si nos fijamos, el tratamiento del cuerpo desnudo, especialmente el femenino, es una de las constantes temáticas repetidas con insistencia a lo largo de su evolución creativa. Observamos cómo las mujeres pueblan unos paisajes oníricos, nocturnos la mayor parte de las veces (enfatizando así la idea del sueño), y en todos ellos parece percibirse la presencia de algo tan etéreo como el silencio.En efecto, los personajes de Delvaux no parecen hablar, sino deambular por un paisaje normalmente desolado y hostil en el que las estaciones de ferrocoarril, por un lado, y los edificios clásicos, por otros, parecen servir de marco a las silenciosas escenas. Es quizás en esta extraña capacidad para reproducir los silencios donde reside parte del encanto de este pintor, cualidad esta que comparte con el pintor italiano Giorgio de Chirico, en el que el recuerdo a la arquitectura grecolatina es también una constante.
Consideramos que la producción artística de Delvaux es sumamente interesante, y que el hecho de que quede eclipsado por otras figuras del Surrealismo como Dalí, Miró, Magritte o Ernst no debe ser un obstáculo para seguir profundizando en su mundo, en su fantástico e intangible mundo.
Galería de imágenes de Paul Delvaux
Web del Museo Paul Delvaux
martes, 13 de abril de 2010
El sueño de Marc

Franz Marc (1880-1916) es uno de los pintores más destacados del Expresionismo. Movimiento artístico y cultural de gran vigencia durante el llamado período de Entreguerras, tuvo especial importancia en los países del norte de Europa. El caso más significativo fue el de Alemania, donde se fraguaron dos de los movimientos más conocidos del Expresionismo, como son Die brück (El Puente) y Der blaue reiter (El Jinete Azul). Este último fue fundado en Múnich en el año 1911 por Wassily Kandinsky y Fran Marc, formando parte del mismo pintores como August Macke, Paul Klee o Gabriele Munter, entre otros. Las diferencias existentes entre los pintores de El Puente y los de El Jinete Azul estriba principalmente en un tratamiento más dramático de los personajes y las temáticas en el primer caso, lo que se traduce también en una pincelada más vigorosa, más gruesa, más matérica. Por contra, los pintores de El Jinete Azul nos muestran una cara algo más amable, en la que el color cobra más protagonismo, entre otras cosas porque muchos de sus integrantes sentían cierta atracción por movimientos artísticos coétaneos, más experimentales desde un punto de vista más formal que temático, como son el Cubismo y el Fauvismo.
Estas dos influencias, Fauvismo y Cubismo, se integran de forma magistral en uno de los pintores más amables del grupo expresionista, como es Franz Marc. En sus cuadros predominan los colores primarios, saturados, llenos de fuerza, que nos transmiten vitalidad y un sentimiento de admiración por la naturaleza. Así, la temática se centra especialmente en paisajes de bosques y selvas en los que habitan caballos, zorros, tigres o vacas. Resulta muy curioso, y también muy característico del autor, el hecho de que se haya utilizado el color de una forma totalmente arbitraria, algo que nos remite directamente al Fauvismo, ya avanzado, en cierto modo, por Paul Gauguin, del que estuvimos hablando en la anterior entrada.
La conjunción de todos estos elementos dan como resultado unas obras vitalistas, llenas de vida, que en cierto modo constituyen un soplo de optimismo, al menos si establecemos una comparación con otros pintores expresionistas de su misma época.
En la imagen: El sueño, 1912, Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid)
lunes, 9 de noviembre de 2009
Keith Haring en el Muro

Hoy podríamos hablar de otros muros, pero vamos a evitarlo, para centrarnos en la celebración del aniversario de uno de los acontecimientos más hermosos de la Historia del Siglo XX. Y lo vamos a hacer, como no podía ser de otra forma en este blog, desde una perspectiva artística. No es que el muro en sí constituyera una notable construcción arquitectónica. Se limitaba a ser una dobe pared de hormigón que rodeaba a Berlín Occidental, convirténdola en una isla capitalista dentro del comunismo representado por la República Democrática Alemana (RDA). Entre ambos muros se disponían una serie de alambradas y torres de control que vigilaban que ningún álemán del este pasara a la parte occidental. Levantado en 1961, el objetivo era evitar el goteo continuo de alemanes orientales hacia la República Federal Alemana (RFA) a través del aeropuerto de Berlín Occidental.
A veces, como ya hemos dicho aquí varias veces, ante la adversidad, surge el genio creador del hombre. Y es por eso que, algo tan gris como este muro sirvió de soporte para que los artistas de la parte occidental dejaran muestra de sus creaciones y de sus inquietudes, a través de lo que denominamos graffitis, que vivieron su mayor desarrollo desde finales de la década de los 70. La caída del Muro en 1989 se llevó por delante la mayoría de estos testimonios, -unos coloristas y llenos de optimismo, otros críticos con el sistema-, pero se conservan documentos gráficos que hoy nos resultan de gran interés, pues gracias a ellos hoy podemos conocer que en él estuvieron trabajando artistas de renombre, como es el caso de Keith Haring (1958-1990).
Este artista estadounidense, que parte de algunos de los planteamientos del Pop Art y específicamente de Andy Warhol por su concepto democratizador del Arte, encontró un estilo propio y personal, influenciado por el cómic, en el que el colorido y las figuras sintéticas eran los protagonistas. Composiciones sencillas, directas, accesibles al gran público, que hacían válida la premisa de "menos es más". Este hecho le hizo conectar con el público, y hoy día su obra es reproducida de forma seriada en lo que es una absoluta popularización de su arte. En 1986, coincidiendo con el 25º aniversario del Muro de Berlín, estuvo realizando un gran panel en el que, sobre fondo amarillo, distintas figuras antropomórficas de perfiles rojos y negros parecen unirse en una sucesión infinita. Con unas pocas líneas logró una gran expresividad, llenando de optimismo una construcción a la que sólo quedaba poco más de tres años de vida.
Aunque la propia concepción del graffiti parte de una idea efímera, no parecía que el muro fuera así. Pero la historia habló por boca de sus ciudadanos, que salieron en masa a derribarlo aprovechando un descuido en la rueda de prensa de uno de los dirigentes de la RDA. Aquel 9 de Noviembre Berlín hizo historia. A veces uno quisiera haber estado en ese lugar, ese mismo día.
Hoy, 20 años después, sólo quedan en pie dos fragmentos. Por un lado, el Memorial del Muro de Berlín, que reproduce la estructura y posee un centro de interpretación dotado de documentación gráfica y audiovisual, . Por otro, East Side Gallery, donde diversos artistas dejaron algunas de sus obras en la parte oriental, con posterioridad a 1989. Pueden ver al autor de este blog ante uno de los graffitis más conocidos, Test the best, de Birgit Kinder.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Elogio de la Naturaleza

lunes, 2 de noviembre de 2009
Arte en el Cementerio

viernes, 23 de octubre de 2009
Rascacielos en la Gran Vía: El Edificio Capitol

No cabe duda que Gaudí fue un arquitecto muy destacado en la historia del arte no sólo español sino universal, y que su labor fue un hito importante en el tránsito que va del siglo XIX al XX. Pero recordemos que el Modernismo no deja de ser una evolución un tanto fantasiosa de los historicismos que se estaban desarrollando en el último tercio del siglo XIX, y que, contra lo que pueda parecer, las aportaciones meramente arquitectónicas no fueron tan relevantes como las decorativas.
El verdadero nacimiento de la arquitectura moderna española, que encontró en Le Corbusier un motivo de referencia, vino dado del nacimiento del GATEPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progeso de la Arquitectura Contemporánea) y de sus planteamientos prácticos y teóricos a través de la publicación A. C. (Documentos de Actividad Contemporánea). Gracias a estos arquitectos interesados en unos planteamientos más funcionales, se dio por cerrada una página de la arquitectura, que si bien interesante y prolífica, hacía ya tiempo que había quedado agotada en la repetición e interpretación de unos modelos que partían del Renacimiento y el Barroco.
Estamos hablando del primer tercio del siglo XX. Precisamente durante los años de la Segunda República se levantó en Madrid unos de los edificios que mejor ejemplifican esos cambios hacia presupuestos más pragmáticos. Estamos hablando del Edificio Capitol, construido entre 1931 y 1933 en el último tramo de la Gran Vía, una de las arterias principales de la capital, y en la que se venían edificando obras de gran envergadura, como el Edificio Metrópolis (1911), el Palacio de la Prensa (1926) o el Edificio Telefónica (1926-1929). Tras el edificio que hoy nos trae aquí, proyectado por Vicente Eded y Luis Martínez Feduchi, le seguirían otros, ya en época franquista, como son el Edificio España (1953) o la Torre de Madrid (1954-1960), situados en este caso en la cercana Plaza de España, y en donde se observa una regresión en los conceptos arquitectónicos, mucho más conservadores, en consonancia con la estética y la ideología del Régimen.
Actualmente, estos rascacielos madrileños han sido superados en altura por otras nuevas construcciones, levantadas especialmente en la zona norte de la ciudad. Pero todos ellos siguen teniendo un significado especial no sólo para los madrileños. En todo caso, queremos resaltar aquí todo lo que supuso en cuanto a la renovación arquitectónica del momento este singular edificio, que aprovecha el chaflán entre dos calles para adoptar una planta casi triangular, y que se sirve de la altura para así contrarrestar una superficie hasta cierto punto limitada. Es, por derecho propio, una de las imágenes más reconocibles de Madrid, y así ha quedado patente en las muchas películas en las que éste ha parecido, entre las que cabe resaltar, por el protagonismo que adquiere en las últimas secuencias, la de El día de la bestia, de Álex de la Iglesia.
martes, 30 de septiembre de 2008
Comentamos una obra pictórica: La raya verde

domingo, 7 de septiembre de 2008
El mundo de Cristina

lunes, 18 de agosto de 2008
Kursaal

El edificio se compone de dos cubos prismáticos de desigual tamaño y forma. Concebidos de forma austera, evitan sin embargo la monotonía para convertirse en elementos atractivos entre el azul y el verde del paisaje circundante. Uno de los puntos fuertes de esta singular obra es la iluminación nocturna, que aunque habitualmente es de un blanco amarillento, ha servido para "disfrazarlo" en función de efemérides o acontecimientos de relevancia, lo que ha servido para integrarlo más aún en la ciudad y convertirlo en un elemento vivo y cambiante.
Veamos algunos ejemplos:
El Kursaal durante el Festival de Cine de San Sebastián
El Kursaal el día del orgullo gay
El Kursaal convertido en regalo durante las navidades
El Kursaal con la bandera de la ciudad
El Kursaal covertido en anuncio de Volkswagen
El Kursaal con los colores de la Real Sociedad
El Kursaal durante el Carnaval
... o el Kursaal homenajeando al escultor Eduardo Chillida
Como vemos, una obra que está viva y en perpetua transformación. Un ejemplo de integración en el paisaje urbano y en la memoria colectiva de una ciudad.
lunes, 4 de agosto de 2008
¿Comunicación o incomunicación?

Sus esculturas son monocromas, siendo el gris el color predominante, y el papel maché, la resina y el bronce los materiales utilizados. Las obras más celebradas de Juan Muñoz son las denominadas piezas de conversación, en las que podemos ver grupos de personajes, más o menos numerosos, que se interrelacionan entre sí y ayudan al espectador a interrelacionarse con ellos, de forma que éste pueda caminar entre las esculturas e integrarse plenamente en la obra. Un acierto a nivel compositivo y también a nivel conceptual que nos lleva al campo de las instalaciones propias del arte contemporáneo, pero con el atractivo añadido de la comunicación humana. Parece no quedar claro si el artista quiere mostrarnos la comunicación, o más bien la incomunicación en un mundo globalizado y cada vez más deshumanizado. Así, nos podemos encontrar desde las sonrisas más histriónicas a las más desgarradoras muestras de soledad y desasosiego. La obra de Juan Muñoz tiene la capacidad de atraer al espectador sin la necesidad de renunciar a la vanguardia. Se aleja de la frialdad de otros artistas de su generación para adentrarse en el terreno de lo emocional, para sumergirse en las entrañas del ser humano. Esa es, quizás, la clave de su reconocimiento, desde Norteamérica a Europa. Y ese es el motivo también por el que recomiendo la visita a la exposición, la más importante que se le ha dedicado hasta el momento.
Yo de momento, me voy hacia allá. Una semana de vacaciones al País Vasco. Nos vemos a la vuelta!
Pincha aquí para ver una imagen general de la obra Muchas veces
Espacio dedicado en la web del Guggenheim a la exposición: Aquí
Y aquí un vídeo que explica mejor que ninguno la capacidad de este artista para conectar con el espectador:
viernes, 1 de agosto de 2008
Godofredo Ortega Muñoz

Cuando la mayor parte de pintores españoles, muchos desde el exilio, apostaron por la desaparición de la figuración, otros, como Ortega Muñoz, mantuvieron un diálogo constante con la realidad. Esto no quiere decir que el extremeño no viajara ni recibiera influencias exteriores, puesto que durante más de dos décadas estuvo recorriendo incansablemente el viejo continente, y en su obra, los estudiosos han querido ver estrechas relaciones con el arte italiano, desde los clásicos a los contemporáneos, caso de los sensacionales Giorgio de Chirico, Carlo Carrá o Giorgio Morandi. Sea como fuere, a Ortega Muñoz lo encontramos trabajando en la España de la segunda mitad del siglo XX. Y lo hace desde la emoción. Lo hace a través de paisajes extremeños y castellanos, fundamentalmente rurales, en los que paulatinamente va despojándose de todo lo accesorio para centrarse en la esencia de las cosas. Digamos que es un paisaje tendente a la abstracción, una pintura de las pequeñas cosas, como hiciera trescientos años el también extremeño Francisco de Zurbarán. Su pintura pasa a convertirse en un silencioso recorrido por los campos de labor de su tierra natal, en los que los ocres y marrones alcanzan un papel protagonista. Pero lo más interesante de su obra, lo más sorprendente, es esa magia para dotar de belleza aquello que en principio es sencillo y austero. Ahí el espíritu extremeño. Aquel en el que lo más sencillo es a la vez lo más sublime.
miércoles, 30 de julio de 2008
Mondrian Boogie-Woogie

domingo, 6 de julio de 2008
Lichtenstein y el mundo del Cómic

domingo, 29 de junio de 2008
La llave de Magritte

El Surrealismo, que encuentra en el filósofo Sigmund Freud uno de sus más claros referentes, apuesta por la representación artística del mundo del inconsciente. Es por ello que aboga por un arte despojado de prejuicios y de condicionamientos de tipo social o cultural. Por eso mismo, se defiende el automatismo, mediante el cual el artista se despoja de toda influencia y da rienda suelta a su imaginación. Es por ello que encontramos, entre los temas de los pintores surrealistas, temas fantásticos e imaginarios, directamente extraídos del mundo de los sueños. Del subsconsciente, en definitiva. Si desde el punto de vista temático el Surrealismo parece tener claros sus planteamientos, no ocurre lo mismo con la técnica, de tal forma que cada artista tendrá sus propios métodos para representar sus inquietudes. En cualquier caso, parece que la tendencia generalizada fue la de pintar con una depurada técnica y con un tratamiento clásico de la composición, en la que cobra especial importancia el dibujo. En efecto, si estos extraños paisajes y personajes son representados de la forma más realista posible, el efecto de desconcierto será mayor en el espectador.
En el caso de Magritte, podemos ver una apuesta clara y decidida por un cuidadoso dibujo con el que compone escenas en las que el juego a la equivocación es una de sus notas más características. La mezcla entre apariencia y verdad, entre sueño y realidad, es puesta sobre la mesa de forma deliberada en obras tan conocidas como El imperio de las luces, El modelo rojo, La tentativa imposible o Golconda, llegando a su punto más álgido en Esto no es una pipa. De entre todas sus obras, merece especial atención la que encabeza este texto, con un título tan sugestivo como La llave de los campos. Magritte vuelve a mostrarnos aquí su ironía y su fino sentido del humor. Haciendo gala de la más depurada técnica, compone una escena misteriosa y llena de poesía, consiquiendo que el espectador recapacite sobre la realidad de las cosas. Así, el cristal, una vez roto, parecía que era un espejo invertido de lo que, más allá de la ventana, se nos muestra. Un campo abierto a la imaginación.
sábado, 28 de junio de 2008
Hombre-Cactus

lunes, 16 de junio de 2008
La danza de la vida

Los países más septentrionales de Europa jugaron un papel muy importante en la configuración de la sensibilidad expresionista. Noruega es un caso muy claro, y Munch su más insigne representante. La obra de este atormentado y solitario pintor está llena de referencias autobiográficas a través de una temática decadente que posibilita unas pinturas de atmósfera densa e inquietante, algo a lo que ayuda una técnica muy particular que tiene en la pincelada sinuosa una de sus notas más definitorias. Este ambiente cargado y pesimista es llevado al lienzo muchas veces a través de unos colores muy vivos, por muy paradójico que pueda parecer. Estamos hablando por tanto, de constantes estéticas que serán desarrolladas ampliamente por los expresionistas del siglo XX, pero que Munch utiliza ya desde los años 80 del siglo XIX.
Puede que La danza de la vida sea una de las pinturas más hermosas del noruego. Tiene el don de provocar en el espectador un sentimiento de perplejidad ante la escena inquietante y misteriosa que tiene lugar. En efecto, aunque la pareja que baila en la parte central nos pueda parecer distante, este cuadro no tendría la misma capacidad de atracción sin las dos figuras femeninas que flanquean la composición vestidas con unos trajes cuyos colores son diametralmente opuestos. Al fondo, otras parejas bailan en distintas actitudes. El escenario en el que tiene lugar esta extraña danza parece ser una verde llanura cercana a un lago que le sirve de espejo a la luna, tema muy querido por este pintor, como podemos ver en la magnífica Claro de luna. Acerca del significado de esta obra, se ha señalado la posibilidad de que se trate de una reinterpretación del tradicional tema iconográfico de las tres edades del hombre, pero aplicado en este caso al amor, lo cual nos pone de manifiesto que para Munch, el amor es la base de la vida. O la ausencia de éste. La mujer vestida de blanco vendría a significar la mujer madura, mientras que la mujer del traje negro sería un símbolo de la transitoriedad de los sentimientos, de la soledad, en definitiva. La joven pareja de la parte central estaría abocada, de forma inexorable, a la soledad, a la muerte. Una visión pesimista y resignada, por tanto, la que nos traza Munch. Una de tantas de la que encontramos en una trayectoria vital y profesional tan intensa como apasionante.
Web del Museo Munch de Oslo
jueves, 5 de junio de 2008
Volando con Chagall

Marc Chagall (1887-1985) es uno de los pintores rusos más universales. No cabe duda que su figura fue una de las más originales del panorama artístico del París del período de entreguerras. Recordemos que por aquel entonces, la capital francesa lo era al mismo tiempo de la vanguardia artística a nivel internacional. A París llegaban todos los artistas. En París todo se movía. Y es por ello que allí se forjaron la mayor parte de las denominadas vanguardias históricas, como Fauvismo, Cubismo o Surrealismo.
Pero además, allí llegaron artistas que sin estar adscritos a ningún movimiento artístico concreto, desarrollaron su labor con bastante solvencia. En este contexto se desarrolló la llamada Escuela de París, en la que encontramos artistas tan significativos como Modigliani, Soutine o el autor de la pintura que podéis ver en la imagen, el anteriormente citado Marc Chagall. Algunos historiadores del arte lo han puesto en la órbita del expresionismo. Sin embargo, poco tiene que ver su pintura con el mundo pesimista que dejan translucir las obras de los expresionistas contemporáneos del período de entreguerras. El universo de Chagall, por contra, es tremendamente colorista, en el sentido en que apreciamos en su obra un sentimiento de vitalidad bastante evidente. Los personajes de Chagall son humildes muchas veces. Violinistas y payasos se sitúan en contextos tanto rurales como urbanos, pero siempre dentro de una temática en la que la imaginación alcanza un papel protagonista. Así, no es raro ver cómo hombres y mujeres sobrevuelan la ciudad en un ambiente onírico y casi infantil, que da como resultado final una pintura fuertemente evocadora, muy narrativa, que nos lleva a un mundo de imaginación y fantasía.
La obra que proponemos hoy se titula "El cumpleaños". Asistimos a una escena cotidiana, casi íntima, que se desarrolla en el interior de un hogar. A la izquierda puede verse una ventana desde la que se aprecian algunos detalles de la calle. Con una perspectiva deliberadamente insólita y un uso de un color muy saturado, Chagall compone una escena entrañable en la que parece mostrarnos el amor de una pareja durante la celebración de un aniversario, tal y como podemos ver en el ramo de flores que recibe la mujer y el bizcocho situado sobre la mesa. Una obra muy colorista y cromática, típica del mejor Chagall, en la que volvemos a ver cómo los personajes se elevan y parecen querer echar a volar.

