miércoles, 10 de febrero de 2010

El almuerzo de los remeros



Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) es uno de los pintores que conformó el grupo de los Impresionistas. Como todos ellos, tuvo en los contrastes lumínicos una de sus características más acusadas. Ello lo podemos ver en obras tan conocidas como el Baile en el Moulin de la Galette, en donde apreciamos cómo la luz se filtra a través de los árboles para crear los deseados efectos de luz sobre los numerosos personajes que componen la escena, que nos habla de los divertimentos ociosos de la burguesía parisina del último tercio del siglo XIX. En su producción destaca la luminosidad con la que se acerca a la representación del cuerpo humano, especialmente el femenino, que será abordado con regularidad hasta el final de sus días.

A pesar de su inicial militancia en el Impresionismo, cuando las propuestas del estilo comiencen a agotarse y sus integrantes se dispersen, Renoir tomará un camino en el que, más que evolucionar en la depuración de las formas y los contornos de las figuras, optará por una vuelta al clasicismo, de forma que retomará el dibujo, que tan en segundo plano había quedado en algunas de sus obras. En este cambio ejerció una notable influencia un viaje a Italia, que le hizo descubrir la magia del Renacimiento. Este cambio de rumbo lo podemos ver en Los paraguas, fechado en 1885, pero incluso antes podemos apreciar esa paulatina vuelta a los presupuestos más clásicos. Un ejemplo puede ser El almuerzo de los remeros, una de sus obras más populares, en la que parecen fundirse Impresionismo y Clasicismo a partes iguales. Temáticamente, Renoir recurre aquí nuevamente a los momentos de relax de la sociedad de su tiempo, y nos muestra una escena cotidiana y llena de encanto que además supone un estudio psicológico de cada uno de los personajes retratados, que interactúan entre ellos en torno a una mesa repleta de manjares y bebidas.

Os dejo por aquí un fragmento de una hermosa película, "Amèlie", en donde podemos ver un curioso análisis de esta obra, a través de un anciano que lleva años reproduciéndola. Es consciente que cada vez que la pinta, las expresiones de los personajes varían, pero se siente incapaz de explicar qué es lo que siente la niña que, al fondo, eleva su vaso hacia la boca. ´Dicha secuencia la podéis ver nada más pulsar el "play"



3 comentarios:

Julia dijo...

Bueno, hoy me has conquistado con este post. Uno de mis pintores favoritos, unos colores optimistas y Amelie, una película tan dulce y especial que siempre deja un toque de ternura cuando la ves. Y el comentario del hombre sobre el cuadro que pinta repetidamente... totalmente cierto. Solo los que copiamos sabemos que siempre se encuentran cosas nuevas, matices que se nos pasan, dudas. Hoy me has alegrado la mañana.
Saludos

clariana dijo...

¡Hola Gonzalo!
Me ha encantado el trozo de película de Amelie, es muy filosófica y sobretodo mágica, esa cajita donde caben los recuerdos de la niñez...
Renoir me gusta por esa luminosidad tan especial de sus cuadros y por la vivacidad que les da a sus personajes.
Te agradezco como nos transmites todo ésto. Saludos.

Anónimo dijo...

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