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martes, 7 de octubre de 2008

Stonehenge. El sol contra la piedra.




Si preguntáramos a la gente sobre cuáles son los vestigios prehistóricos más conocidos del mundo, ganaría la encuesta, casi con toda probabilidad, el crómlech de Stonehengue, que podéis ver en la imagen. Nos encontramos ante una de las primeras manifestaciones arquitectónicas del continente europeo. Un ejemplo sin parangón del conjunto de construcciones que se levantaron en la fachada atlántica de Europa durante la Edad de los Metales, principalmente.

Este tipo de arquitectura prehistórica ha sido comúnmente llamada como megalítica, debido a la utilización de grandes bloques pétreos que, aislados o dispuestos en grupos en variadas composiciones, configuran, como decimos, una temprana manifestación arquitectónica. Éste que nos ocupa se encuentra en el sur de Gran Bretaña. Se trata de una serie de círculos concéntricos rodeados por un foso que aparece cortado por una especie de avenida ceremonial.Aunque, como es natural, no se conserva íntegramente, y la mayor parte de los monolitos que, dispuestos horizontalmente a modo de dinteles se han perdido, nos podemos hacer una idea bastante aproximada de la planta de este conjunto cuya función y significado ha generado no pocas hipótesis, la mayor parte de ellas apasionantes y rodeadas de misterio.

Una de las explicaciones más difundidas acerca del sentido de esta construcción nos habla de una especie de calendario astronómico, ya que en el solsticio de verano, el sol sale coincidiendo con el eje de la construcción, llegando hasta la parte central de la misma, en el lugar del altar. Podría relacionarse, según esta teoría, con un culto al Sol. Hay que recordar que en estos tiempos, las creencias religiosas estaban aún bastante simplificadas y se reducían básicamente a los fenómenos de la naturaleza de difícil explicación. Esta hipótesis acerca del origen divino del lugar quedaría reforzada por el hecho de que en las inmediaciones han aparecido numerosos restos humanos, lo cual nos hace pensar que se trató, en su día, de un lugar de especial significación y simbolismo para sus contemporáneos.

Hay que decir que, aún en la actualidad, este enclave sigue fascinando a todo el mundo, y es punto de obligada visita a todos cuantos se acercan al sur de Inglaterra, y su popularidad, lejos de disminuir, aumenta día tras día.

Para terminar, os propongo este viaje a Stonehenge. Relajante y evocador...

domingo, 5 de octubre de 2008

El Indalo




Aunque al hablarse de pinturas rupestres son de sobra conocidos los restos conservados de la zona francocantábrica, especialmente los hallados en Altamira y Lascaux, lo cierto y verdad es que, con el paso de los años, han alcanzado también gran popularidad las llamadas pinturas levantinas, especialmente desde que en 1998 fueran declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad bajo la denominación de "Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica". Se trata de un conjunto de restos arqueológicos encontrados entre el sureste y el noreste peninsular. Nos encontramos ante interesantes conjuntos pictóricos realizados en los abrigos rocosos de la citada zona, y que en su mayor parte fueron realizadas durante el Mesolítico. Son, por tanto, posteriores a las pinturas francocantábricas, que datan del Palelítico Superior. Entre unas y otras se observan notables diferencias. Así, mientras que los restos cantábricos apuestan por una representación naturalista, las pinturas levantinas encuentran en la esquematización y geometrización de las formas su modo de expresión más eficaz. Además, esa tendencia al trazo sintético posibilita un dinamismo hasta entonces nunca visto, y favorece escenas en las que los animales intercatúan entre ellos, así como con la figura humana, estableciendo interesantes composiciones de tipo cinegético y bélico.

Estamos hablando por tanto de unas pinturas que, pese haber sido concebidas en los tiempos remotos de la Prehistoria, resultan hoy de gran modernidad, por el tratamiento tan certero y depurado de la forma. Los ejemplos son, como sabemos, muy numerosos. Son muy conocidos los restos del abrigo de Valltorta, en la provincia de Castellón, o los de Cogull, en Lérida. Sin embargo, hoy queremos llamar la atención sobre un caso más cercano geográficamente, y cuya popularidad ha traspasado incluso fronteras. Nos estamos refiriendo a la Cueva de los Letreros, en las sierras del norte de la provincia de Almería. Sus restos, que pueden datarse hacia el 5.000 a.C., son fácilmente relacionables con los del grupo anterior, presentando todas sus características en cuanto a concepción formal y temática. Entre todos sus restos, merece nuestra atención la famosa figura del Indalo, que podéis ver en imagen, y que con el paso de los años ha pasado a convertirse en símbolo de esta tierra árida y rebosante de luz. Desde un punto de vista formal, el personaje repite los mismos esquemas antes comentados, en tanto en cuanto el esquematismo es su señal más inequívoca de identidad. Así, su artífice ha conseguido dotar de expresión a la figura sin apenas recursos plásticos, lo cual es sumamente interesante.

Esta especie de arquero, que según algunos representa a un hombre sosteniendo un arcoiris, se ha convertido, como decimos, en un elemento carismático, y desde hace bastante tiempo llamó la atención de todos los estudiosos. Baste recordar el llamado Movimiento Indaliano que surgió en Almería a mediados del siglo XX de la mno de Jesús de Perceval. Desde entonces, su popularidad ha ido en aumento, y se ha reproducido y comercializado hasta la saciedad, desde las esferas públicas en esculturas o mascotas de espectáculos deportivos a la explotación privada a través de hoteles, souvenirs o pegatinas para el coche.

Sea como fuere, el hecho de que esta imagen sea hoy tan conocida es un ejemplo más que evidente de la capacidad que tiene el Arte para ser reinventado por los espectadores de las distintas épocas, y un motivo más para pensar, otra vez, que el Arte está, cómo no, más vivo que nunca.

martes, 8 de abril de 2008

Una Venus de la Prehistoria




Una de las manifestaciones artísticas más primitivas que hoy nos podemos encontrar es esta famosa Venus de Willendorf, realizada durante el Paleolítico. Esta representación escultórica de la Prehistoria ha sido puesta en relación con otras estatuillas femeninas de las mismas características, encontradas en su mayor parte en yacimientos arqueológicos de la Europa Central y Oriental.



En el caso que nos ocupa, la escultura, de poco más de 10 centímetros de altura, fue hallada en 1908 en el yacimiento del mismo nombre. El hecho de que, lógicamente, carezcamos de fuentes documentales, ha motivado el establecimiento de hipótesis acerca del significado de esta obra y de otras similares. Las más conocidas abundan en la idea de que nos encontramos ante la representación de una diosa de la fertilidad. Si nos damos cuenta, la exageración de los órganos sexuales, que recibe el nombre de esteatopigia, y que es especialmente visible en la voluminosidad con que están tratados los senos y la vagina, nos podrían remitir a esa hipótesis tradicionalmente defendida por arqueólogos e historiadores del arte.



Podéis ver imágenes de otras venus paleolíticas en este enlace

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