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sábado, 16 de septiembre de 2017

Luiso García. Pinturas contra la Tauromaquia




Con motivo de la manifestación estatal por la abolición de la Tauromaquia que tendrá lugar hoy en Madrid, vamos a dedicar la entrada a uno de los creadores que más ha aportado este año a la causa, al menos desde el punto de vista artístico. 

Luiso García es un artista joven que lleva varios años denunciando a través de sus obras las injusticias de nuestro mundo. Desde 2015, además, se convierte en un potente altavoz para la defensa de los derechos de los animales, algo cada vez más demandado en nuestra sociedad. En vista de su trayectoria y de su compromiso, el pasado mes de abril fue invitado a participar en la I Semana Animalista de Sevilla, organizada por PACMA, con una exposición individual para la que creó 21 obras inéditas con las que invitaba a reflexionar al espectador y a fomentar la empatía hacia los animales. La exposición resultó ser un éxito, e inmediatamente viajó a lo largo y ancho de España, pudiéndose visitar en ciudades como Ciudad Real, Barcelona o Alicante. A partir del próximo 23 de septiembre podrá visitarse en Madrid (Cookkaluza, C/Lira, 8).

La obra que ilustra esta entrada lleva por título "Te quiero vivo" y sirvió para anunciar la exposición de Sevilla con la que comenzó esta hermosa aventura. En ella, y mirando al espectador, podemos ver un toro ante un fondo bicolor perfectamente diferenciado que confronta dos modos de vida bien distintos. Por un lado, el rojo de la sangre, de la tortura. Por otro, el verde de la naturaleza, de la esperanza. 

A continuación, rescato el texto que sirvió para difundir la exposición de Sevilla, de la que tuve el placer de ser el comisario:

Luiso García nace en Madrid en 1980. Licenciado en Bellas Artes y Máster en Dirección de Arte, ha abarcado distintos campos artísticos en el campo de la ilustración, el diseño y la escultura en 3D, además de ser profesor de dibujo y pintura. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas y en los últimos años sus exposiciones individuales han ido en aumento, en ciudades como Madrid, Málaga, Vitoria, Valencia, Arrecife y Alicante.

A lo largo de su trayectoria artística, su obra ha experimentado una constante evolución. Marcado desde sus inicios por la obra de Antonio Saura, sus primeros años evidencian las influencias de dicho pintor, así como de Pablo Picasso y Oswaldo Guayasamín, en un estilo de marcado carácter expresionista con predominio de líneas rectas y una gama cromática reducida.

En los últimos años, su obra ha ido abandonando paulatinamente dichas influencias para apostar por un tono más dulcificado en el que las líneas, concisas, se entremezclan con vitalistas explosiones de color complementadas con citas, textos y poemas, a veces escritos por él mismo, acercándolo al ámbito de la ilustración.

Aunque su obra ha tenido siempre un marcado compromiso social, la inauguración de la exposición “Animalario” en diciembre de 2015 marca un punto de inflexión en su carrera, de forma que, a partir de ese momento, su compromiso en la defensa y la protección de los animales pasa a formar parte de su producción pictórica de forma permanente. Desde entonces, dicha temática ha ido en aumento, utilizando su obra para denunciar los abusos que nuestra sociedad ejerce sobre ellos y para ayudar a despertar la conciencia de la gente.


Con motivo de la I Semana Cultural contra la Tauromaquia de Sevilla organizada por PACMA, las imágenes de Luiso García se exponen por primera vez en la ciudad. Un conjunto de pinturas, la mayoría de ellas inéditas, que nos ayudan a acercarnos desde un punto de vista crítico a esta práctica que cada vez encuentra más voces en contra en nuestra sociedad. Una ventana abierta a la reflexión y a la empatía con aquellos que nunca decidieron estar sobre el albero. Toda una declaración de intenciones. 

Os recomiendo conocer en la página web del artista este conjunto de 21 pinturas

Además, también podéis echar un vistazo a este artículo-entrevista que apareció en Diario Público


martes, 29 de marzo de 2011

Las Setas de la Encarnación


Su inauguración se ha visto deslucida por las prisas de última hora, por los intereses electoralistas de querer llegar a tiempo y porque parece que los medios de comunicación españoles no parecen prestar atención a Andalucía a no ser que sea por sucesos sensacionalistas o por la celebración de los más variados festejos. Es posible que si la construcción que hoy nos trae a este blog después de meses de inactividad hubiera tenido lugar en otro punto de la geografía española la repercusión mediática hubiera sido mucho mayor. Sólo diremos que el tiempo pondrá las cosas en su sitio. En medios internacionales comienzan a hacerse eco. Y es que hace un par de días, unas gigantescas setas crecieron en el mismo casco histórico de la ciudad de Sevilla.

El objetivo de esta fantástica estructura era revitalizar una zona del centro de la ciudad que se encontraba en franca decadencia. La idea era reurbanizar una plaza, la de la Encarnación, tras haber sido fatalmente mutilada al amparo del desarrollismo más feroz de los años 50 y 60 del pasado siglo, y cuyas huellas más devastadoras pueden apreciarse en las construcciones que jalonan la Calle Imagen. Desde esas fechas, el espacio que media entre la citada calle y la Iglesia de la Anunciación no supo ser remozado con un mínimo de dignidad por ninguna de las autoridades públicas pertinentes, ya fuera en época franquista como democrática. El destartalado mercado municipal y su cartel de "Instalación provisional, 1973" era vergonzante y una demostración tácita de la incapacidad y la falta de iniciativa de la clase política de esta ciudad.

Entrando ya el siglo XXI, siendo alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín, se convocó un concurso internacional para acometer por fin una verdadera remodelación de este espacio baldío, situado a escasos metros de centros neurálgicos como la Calle Sierpes o la Plaza de la Campana, conocidos por todos cuanto han estado en Sevilla alguna vez. El proyecto ganador se llamaba "Metropol Parasol", y lo firmaba un joven arquitecto alemán: Jürgen Mayer. Se trataba de una estructura orgánica y sinuosa de complicada ejecución. Una vez comenzadas las obras, las dificultades hicieron retrasar las obras en varias ocasiones, duplicándose el presupuesto que inicialmente estaba previsto.

Hace, como decimos, dos escasos días, las popularmente conocidas como Setas de la Encarnación se ofrecieron por fin a la ciudadanía. Enclavadas en un espacio angosto, descontextalizadas completeamente de su entorno urbanístico y junto a una iglesia jesuita de finales del siglo XVI, la extraña mole de madera emerge como una maravillosa alucinación. Inspirándose en las bóvedas de la Catedral de Sevilla y en los altos ficus de la cercana Plaza de San Pedro, la obra es absolutamente extrovertida, sorprendente y expresiva en todas sus formas y desde cualquier ángulo Habilita un espacio diáfano y reinventa todo un barrio. Sobre la estructura cabalga una pasarela con extraordinarias vistas al extenso caserío sevillano. En sus bajos se ubican las instalaciones del nuevo y remozado mercado. Y en el subsuelo se sitúan los restos arqueológicos de época romana y medieval hallados durante tantos y tantos años de excavaciones.

Metropol-Parasol es una obra atrevida, arriesgda e intrépida que supone la entrada de Sevilla en el siglo XXI y en la arquitectura de vanguardia. Ha generado, durante su largo período de gestación, innumerables críticas y bastante polémica entre los habitantes de una ciudad demasiado ensimismada en sí misma. Estamos seguros de que en no mucho tiempo los sevillanos sabrán entender los valores de esta alucinógena mole que desafía a la Historia respetándola al mismo tiempo.

Renovarse o morir...

¿Qué habría sido de París si no hubieran dejado a un loco levantar un armazón de hierro de más de 300 metros de altura?

(Imagen superior tomada del foro "Sevilla 21")




sábado, 24 de julio de 2010

Banksy, jugando con el entorno


Hoy vamos a hablar de un artista misterioso. Sólo sabemos su apodo. Desconocemos su nombre real, su aspecto, e incluso su año de nacimiento. Bansky es únicamente el pseudónimo utilizado por un graffitero británico cuya popularidad ha sido tal que incluso se han realizado exposiciones y retrospectivas sobre su obra. Se cree que nació en 1974, pero pese a ser un artista joven y contemporáneo, poco o nada conocemos sobre su vida. Sí sobre su obra, contestataria y rebelde, fijada en los muros de ciudades como Londres o Bristol, de donde se supone que es originario. Su actividad creativa comienza a finales de los 80 y principios de los 90 del siglo XX, época en la que el mundo del graffiti está en continua efervescencia, especialmente en los países de la órbita occidental.

Aunque en los últimos años comienza a cambiar la tendencia, es evidente que el arte urbano no ha gozado de un verdadero reconocimiento por parte de los especialistas en arte. Pero lo cierto es que artistas hoy muy cotizados fueron claros exponentes de esta manifestación cultural, muchas veces denostada por las admistraciones públicas, que veían, y aún hoy siguen viendo, lamentablemnete en muchos casos, actos de vandalismo más que expresiones de la cultura popular. Nombres como Haring (al que dedicamos una entrada en este blog), Basquiat o el artista que hoy nos trae hasta aquí son ejemplos de creadores especialmente dotados que no deberían pasar nunca desapercibidos, y pasar a las páginas de la historia del arte de nuestro tiempo. Quizás más que otros que ya están, y que pocos entienden. Al fin y al cabo, el Arte viene a ser un documento de su tiempo.

Bansky es un artista especialmente interesante, no sólo por su acertada gama cromática, no sólo por su elegente sentido de la composición. Ni siquiera por su temática, popular y social a un mismo tiempo, desenfadada y ácida a la vez. De él destacamos por encima de cualquier virtud su capacidad para interactuar con el entorno. Sus actuaciones no son invasivas, sino que logran integrarse en el muro de tal forma que parecen haber sido concebidas para estar ahí, constituyendo, en algunos casos, auténticos trampantojos, como el que vemos en la imagen de arriba, en la que una asistenta doméstica parece descubrir al espectador la verdadera naturaleza que tiene ante sus ojos.

Para entender mejor la obra de este sensacional y enigmático artista, veamos otros ejemplos:

Comenzamos con esta especie de homenaje a los primeros graffitis de la Humanidad, las pinturas rupestres del arte paleolítico. El artista nos plantea con fina ironía la posibilidad de que éstas se hubieran perdido de haber existido en aquella época organismos encargados de su eliminación, tal y como ocurre hoy día a muchos artistas callejeros.

En esta otra, un operario municipal parece haber continuado pintando la doble línea continua de prohibición de aparcar para crear, con ese doble trazo, una gigantesca flor.

Aprovechando la existencia de un macetero junto a una pared, Bansky sugiere en esta creación la sencilla historia de un gato y una niña, utilizando tan sólo el color negro.

Sirviéndose también del entorno, en esta otra imagen nos muestra la aparición de un esqueleto remando en una pequeña barcaza.

En este otro caso, se trata de un trampantojo de un cajero automático que intenta devorar a una niña, haciendo una ácida crítica al capitalismo más salvaje.

Esta curiosa instantánea nos viene a decir que incluso las fuerzas de seguridad son susceptibles de cometer algún altercado público, haciendo quizás alusión a su situación de artista no comprendido por las autoridades públicas.

Aquí, una chica salta a la comba, cuya cuerda se extiende también por el suelo.

En este otro caso, aprovecha un hueco en la pared para colocar a un pequeño rapero al que no le falta ni la radio ni la cadena de oro.

Incluso juega con obras de otros graffiteros para crear obras nuevas en als que no falta el sentido del humor y, como siempre, la ironía.

Muchos, muchos más ejemplos podríamos poner. Pero para no ponernos pesados, dejamos por aquí estos, y animamos a todos a que descubran el resto.

martes, 5 de enero de 2010

Iván Zulueta


Hace unos días nos dejaba Iván Zulueta (1943-2009). Este donostiarra pasará a la historia por haber dirigido una de las películas más apasionantes, turbadoras y personales de todo el cine español. Arrebato (1979) es más que una película; es una experiencia, un viaje iniciático para el espectador. Es una obra única, insólita en nuestra cinematografía, y sin parangón con ninguna otra. Podríamos quedarnos hablando de esta cinta horas y horas. Tan honda, tan profunda, tan intangible se nos antoja. Cualquier aproximación que podamos hacer acerca de su argumento nos parece innecesaria, y acerca de la interpretación que pudiéramos darle, tan sólo dejaremos abierta la puerta para que todo aquel que quiera vivir ese arrebato lo consiga por sus propios medios. La única forma es viéndola. Desde este blog recomendamos que así se haga, avisando, eso sí, que no van a ver una película al uso.

Al hablar de una película, lo lógico hubiera sido que hiciéramos un esbozo del resto de la filmografía de su director. Pero se da la circunstancia de que Zulueta sólo firmó, antes que la película citada, algún cortometraje underground y el largo Un, dos, tres, al escondite inglés, a principios de la década de los 70. Esto quiere decir que, tras finalizar Arrebato, no pudo dirigir nada más, salvo algún capítulo aislado para alguna serie de televisión. No sabremos a ciencia cierta si esa escasez creadora pudo deberse a su relación con las drogas, o sencillamente ya lo dijo todo allá por 1979, y Arrebato fue su catarsis. Al fin y al cabo, como leía el otro día en Público, ya había hecho, a la segunda, la película que muchos directores persiguen toda una vida.

¿Pero podemos considerar a Zulueta un director de cine? Realmente seríamos injustos si olvidáramos otras facetas de un artista heterogéneo a pesar de no ser, como decimos, demasiado prolífico. En este sentido, lo más destacable fue su labor como cartelista para otros directores de cine. Influenciado por el Pop Art, sus trabajos para Pedro Almodóvar han sido los más celebrados y conocidos, y así lo vemos en los carteles de Laberinto de pasiones (1982) o ¿Qué he hecho yo para merecer esto! (1984).

Destacamos sobre todo el realizado para Entre tinieblas (1983), que encabeza esta entrada, y en donde queda resumida perfectamente la historia que la película nos cuenta. Sobresale por encima de todo la capacidad que tiene para quedar retenido por el espectador, al componer una imagen de gran fuerza estética, como es la de un tigre con hábito monjil. Efectivamente, en la película filmada por Almodóvar hay un tigre, pero este no es protagonista, sino que sirve de mascota a una de las religiosas. La Orden de las Redentoras Humilladas tiene por fin recoger de la calle a todas las mujeres pecadoras que huyen de la justicia por motivos de drogadicción, prostitución o asesinato. Sin embargo, el convento no será tal remanso de paz. Por ello, el tigre retiene entre sus garras a la mujer del traje rojo. Por eso, también, el escudo de la orden cambia los siete puñales del corazón por siete jeringuillas, aludiendo claramente a la heroína, presente, también, entre los muros del convento. Zulueta logra, como decimos, narrar la película con muy pocos medios expresivos, lo cual es un valor añadido en la cartelería para cine. Además, enmarca la escena en un marco morado salpicado de unas notas musicales que, en color rojo, hacen referencia a la condición de cantante de la protagonista del film. Nos habla, en cualquier caso, del buen hacer de un artista que no lo dijo todo, o no lo pudo decir todo, o sencillamente no quiso.

Os dejo aquí un vídeo de 2004 en el que habla sobre su obra más famosa. Ojalá sintáis el arrebato...

D.E.P.

sábado, 31 de octubre de 2009

Esto es Halloween



A lo largo de este fin de semana, se están celebrando en los más variopintos lugares diversas fiestas de Halloween, a modo de versión tétrica de los Carnavales. Una fiesta que, si bien no es autóctona de muchos de los lugares en los que se celebra, es a veces realizada por pura diversión, y en ella, el componente comercial es bastante acusado. Cosas de la globalización.

Hace más de una década, el director de cine e ilustrador norteamericano Tim Burton dio alas, probablemente sin pretenderlo, a una festividad de tradición anglosajona. Esto ocurría en 1993, cuando el realizador de títulos tan conocidos como Beetlejuice o Eduardo Manostijeras se decidió a rodar un largometraje de animación. Nos estamos refiriendo a Pesadilla antes de Navidad, un cuento infantil y adulto a la vez que aborda precisamente el tema que hoy nos trae hasta aquí. Su argumento plantea una historia inverosímil y llena de fantasía, en la que Jack Skellington, el rey calabaza, intenta apropiarse de la fiesta de la Navidad, de forma que involucra a todos los habitantes del país de Halloween para organizarla, estando a punto de destruirla debido al origen antagónico que ambas fiestan representan. La historia parece así querer plantear, en cierto modo, la progresiva popularización de unos festejos que parecen celebrar la muerte y el encuentro con los espíritus, en detrimento de otras fiestas. Al parecer, la idea surgió al observar en una tienda el propio Tim Burton cómo retiraban los adornos de Halloween para colocar los de Navidad. La estética del film es la habitual en el autor, con personajes desproporcionados (ya por altos, bajos, gruesos o extremedamente delgados). Halloween le sirve además de pretexto para desarrollar ampliamente un inusitado abanico de personajes fantasmagóricos, que sólo pueden salir de una mente de imaginación privilegiada y espíritu infantil.

El universo estético e iconográfico de Tim Burton merece ser visitado continuamente, y tiene perfectamente cabida en un blog dedicado a la Historia del Arte, no sólo porque el Cine sea un arte en sí mismo (aunque aquí hayamos decidido no abordarlo), sino porque el imaginario de personajes, escenarios e historias planteadas conforman ya un sello de identidad perfectamente reconocible, lleno de calidad creativa, y porque para mucha gente representa, con toda justicia, un director de culto que no se limita únicamente al mero hecho de filmar historias más o menos interesantes.

Pueden recordar aquí un poco de su biografía y filmografía.

Y para los que no lo conozcan, no puedo pasar la oportunidad de recomendarles un fantástico libro de cuentos narrados en verso, escrito e ilustrado por el propio Tim Burton: La melancólica muerte de Chico Ostra. Pueden leerlo online en este enlace, pero sólo alcanza su verdadero encanto si se tiene entre las manos.

Y para terminar, un vídeo extraído de Pesadilla antes de Navidad. Uno de los mejores momentos, acompañado de la música compuesta por Danny Elfman:

miércoles, 21 de octubre de 2009

El árbol rojo




Aunque es algo de lo que suele ocuparse más la Literatura que la Historia del Arte, lo cierto es que, en el campo de la ilustración de libros -infantiles o no- encontramos un amplio abanico de imágenes de notable calidad artística. Sólo hace falta darse un pequeño paseo por la sección de cuentos de cualquier librería de cierta calidad y echar un ojo a algunas de las publicaciones. Suecede que a veces, lo que en principio parece encuadrarse dentro de la literatura infantil o juvenil, resulta mucho más adulto de lo que pudiera parecer. Es el caso de "El árbol rojo", un pequeño y breve relato lleno de magia, apto para todos los públicos, pero que lógicamente tendrá una lectura distinta y diversos significados en función de la persona que lo lea. Como cualquier libro. En este caso, la imagen es tanto o más importante que la palabra. O digámoslo de otra manera: No se entiende el libro sin esas imágenes oníricas, dignas del mejor surrealismo, y que nos recuerdan vagamente a las ensoñaciones de la fabulosa Remedios Varo.

Editado por Barbara Fiore, este libro fue escrito e ilustrado por Shaun Tan. La historia, aparentemente sencilla, encierra en sí misma un cúmulo de sensaciones que van de la tristeza a la esperanza y que sumergen al lector en un estado de catarsis del que sólo se libera en la última página, llena de vida y de color. Estas reflexiones van acompañadas, como decimos, de una serie de ilustraciones en las que siempre encontramos una pequeña hoja roja -símbolo de la esperanza, que nunca se pierde- que más tarde se materializará en un floreciente y frondoso árbol del mismo color. Una experiencia para los sentidos, en la que cada imagen es por sí sola una obra de arte. Un recorrido por lo más profundo de nuestros sentimientos. Un cuento perfecto para leer un día de esos que de vez en cuando parecen comenzar grises y vacíos, para que seamos nosotros mismos los que nos ocupemos de que cambien de color.

Una recomendación, en definitiva.

Página web de la editora

Y un vídeo en el que se narra el libro con fragmentos de las imágenes. Para que os entren ganas de comprarlo (o regalarlo)

miércoles, 22 de octubre de 2008

Oriente en Occidente



El otro día comentábamos el caso del templo egipcio trasladado a Madrid a causa de un regalo del Estado egipcio al español. El hecho de que se conserven numerosos restos de civilizaciones antiguas en países europeos es bastante común, aunque no siempre se debe a obsequios, sino que muchas veces responde a exploraciones de arqueólogos occidentales en antiguas colonias inglesas, francesas o alemanas, que hoy son estados soberanos. Otras veces, la exótica presencia de murallas, palacios, templos o puertas orientales responde a otros negocios de dudosa moral.
La fiebre exploradora tuvo especial importancia a finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo por tanto con la fase de máxima extensión del Imperialismo de los países europeos en África y Oriente Próximo. Una época en la que destacaron insignes arqueólogos como Schliemann o Evans, que abrieron paso a muchos otros que llegaron detrás de ellos. Esta es una de las causas por las que se investigaron ampliamente las civilizaciones mespotámicas, así como la griega o la egipcia, entre otras. Y esta la razón por la cual se conservan numerosos restos en importantes museos europeos, con el British Museum de Londres o el Pergamon Museum de Berlín a la cabeza.
Precisamente en este último museo, quizás el mejor y el más visitado de la capital de Alemania, se encuentran las Puertas de Ishtar de la antigua ciudad de Babilonia, que podéis ver en la imagen. En sus salas, se habilitan igualmente restos de importantes construcciones del Mediterráneo Oriental, como el helenístico Altar de Pérgamo o el omeya Palacio de Mshatta, entre otros.
La Puerta de Ishtar era una de las puertas que daba acceso a la ciuad de Babilonia. El nombre lo recibe de la diosa a la que estaba consagrada. Los restos de la puerta original fueron descubiertos e investigados por arqueólogos alemanes a principios del siglo XX. En 1930 fueron trasladados a Berlín, donde se reconstruyeron las partes no conservadas, hasta configurar el conjunto que hoy podemos admirar en el citado museo. Las puertas que podemos ver no evitan su carácer defensivo, pero al mismo tiempo ofrecen unas calidades plásticas y decorativas que nos hablan del lujo y la fastuosidad del Imperio Babilónico. Datables hacia el 570 a. C, durante el reinado de Nabucodonosor II, están realizadas con ladrillos de adobe vidriados y policromados de un azul intenso de gran belleza. Presenta numerosos relieves, que nos hablan de un repertorio animalístico muy propio y característico de las civilizaciones mesopotámicas y orientales, pudiéndose encontrar dragones, leones y otros seres mitológicos, si bien es cierto que también encontramos decoración de carácter vegetal. Antecediendo a la puerta nos encontramos, asimismo, con una avenida de carácter ritual en la que también podemos apreciar el mismo tipo de relieves. Hay que decir, no obstante, que la mayoría de los restos originales se encuentran en los cuerpos bajos, de forma que los superiores han sido reconstruidos en su mayor parte para su ubicación en el museo.
Además de la calidad incontestable y el valor incalculable de estas puertas, merece llamar la atención sobre la circunstancia con la que hemos comenzado el comentario, en relación al interés que pusieron, y ponen hoy, los países occidentales en el conocimiento de las culturas orientales. Esta cuestión da para muchos debates relacionados con la protección del patrimonio histórico-artístico, así como con todo lo derivado de su tutela y difusión, pero lo cierto y verdad, y ello no lo podemos obviar, es que, gracias a aquellas campañas, hoy podemos admirar obras como ésta. Sea donde sea.

domingo, 31 de agosto de 2008

La leona herida



En el Imperio Asirio, la caza mayor constituía un deporte de prestigio especialmente reservado a los monarcas. Afortunadamente, se conservan obras en las que se representan escenas cinegéticas de la época, entre las cuales ocupan un puesto primordial en la Historia del Arte los famosos relieves del Palacio de Asurbanipal en Nínive, en la Alta Mesopotamia. Estamos hablando de un conjunto de relieves ejecutados en el siglo VII antes de Cristo. Aunque los temas relacionados con la caza no sean los únicos, sí que son, muy probablemente, los más interesantes. En ellos podemos ver al propio rey cazando leones y un amplio repertorio de animales en las más variadas posturas y actitudes. Sorprende, además de la notable calidad alcanzada, los altos niveles de realismo, poco comunes hasta esa época.

Un ejemplo de ese realismo lo podemos ver en la escena más conocida de estos relieves, la leona herida del Museo Británico. Las flechas han acertado a dar en la parte trasera del animal, atravesando su columna vertebral. Ello le impide articular sus extremidades posteriores, que arrastra cansinamente. Sin embargo, resiste valientemente ante el dolor, como muestran las patas delanteras, enérgicas y tensas. Igualmente, la cabeza es tratada con admirable realismo. La leona sigue rugiendo amenazadoramente, lo que nos ayuda a entender la fiereza de un animal que resiste aún en sus últimos momentos. Un ejemplo sensacional de la calidad artística alcanzada en algunas de las culturas antiguas del Próximo Oriente, que no nos debe hacer olvidar, ni mucho menos, otros restos escultóricos del mismo conjunto, como es el león herido, procedente del mismo palacio.

Para terminar, me gustaría rescatar la hermosa y brillante descripción que hizo de esta obra Antonio Blanco Freijeiro en su clásica obra "Arte Antiguo del Asia Anterior", publicada en 1972:

... la flecha que lleva clavada en la base del cuello no ha afectado seriamente a la parte delantera de su cuerpo. En cambio la clavada en la pelvis ha paralizado sus miembros posteriores. La leona ruge, no de dolor, sino de rabia, dispuesta aún, con el medio cuerpo que le queda, a despedazar a quien se ponga a su alcance. Ella, la reina de la estepa, muere como una reina, sin despertar compasión ni desearla...


lunes, 5 de mayo de 2008

Cabezas olmecas




Enfrentarse a culturas antiguas siempre resulta bastante complicado, entre otras cosas porque ni los propios investigadores se ponen a veces de acuerdo en el significado de las mismas. A este respecto, y centrándonos en el ámbito americano cabe decir que, si bien las culturas azteca, maya o inca, han sido analizadas con mayor o menor suerte, otras continúan aún investigándose sin resultados satisfactorios. Es el caso de la cultura olmeca, que se desarrolló en el área mesoamericana, al sur del actual estado de México, con anterioridad a la civilización azteca. La cronología que se baraja para este pueblo es tan amplia como difusa a pesar de que se hable del primer milenio a.C. Los hallazgos arqueológicos se centran fundamentalmente en los centros de Tres Zapotes, La Venta y Las Mesas y han sido estudiados desde finales del siglo XIX. Los olmecas desarrollaron una escritura jeroglífica cuyo significado está todavía por investigar, lo que también dificulta un conocimiento real de lo que pudieron ser sus características culturales y religiosas. Se han encontrado restos arquitectónicos que nos hablan de una civilización ciertamente interesante, quizás precursora de otras que posteriormente se desarrollaron en América Central.

Sin embargo, las muestras artísticas más conocidas de los olmecas se encuentran en el campo de la escultura. No cabe duda que las famosas cabezas colosales son la muestra más llamativa, a nivel artístico, de este pueblo precolombino. Dado que se conocen pocos datos, las interpretaciones que se hacen de ellas están basadas en hipótesis mayormente. Lo que sí podemos apreciar a simple vista es el gran tamaño de estas obras, que en algunos casos llegan a superar los tres metros de altura, pesando toneladas. Actualmente se conocen unos 17 ejemplares, y en todos ellos se repiten las mismas constantes. Las cabezas olmecas se levantan exentas sobre un basamento de piedra y en contacto con la naturaleza. La calidad técnica es notable en algunos casos, siendo comunes los labios carnosos, la nariz achatada, los ojos almendrados y una leve hendidura en la frente, que aparece finalmente coronada por un casco que a veces aparece decorado. Es por ello que a veces se ha pensado que pudieran representar a guerreros, si bien otras teorías apuntan a que quizás se trate de algún dios, habida cuenta de la monumentalidad con la que están tratadas.

Si quieres saber más del fascinante y desconocido mundo de los olmecas, pincha aquí

domingo, 4 de mayo de 2008

Universo Zen




Aunque en los últimos años, lo oriental y específicamente lo japonés esté de moda en los países occidentales, lo cierto es que hasta hace relativamente poco tiempo se sabía bien poco de la cultura y la civilización japonesa. Hasta mediados del siglo XIX permaneció aislado del resto del mundo, e impermeable a influencias foráneas. Con el comienzo de la llamada Era Meiji en 1868 se ponía fin a un régimen casi feudal con siglos de antigüedad. Comienza la apertura, y es entonces cuando empiezan a llegar noticias del país nipón, y comienzan a difundirse las estampas que tanto fascinarán a los pintores europeos de finales del siglo XIX.

En tiempos más recientes, y vinculada más al campo del diseño, ha tomado relativa vigencia la estética zen. Aunque de significados muy complejos, que podréis desentrañar en este enlace si os interesa el tema, el Zen viene a ser una variante del Budismo que tiene en la relajación, la sencillez y la capacidad de abstracción algunas de sus claves. En el campo del Arte, el Zen ha conocido en los llamados jardines de té sus más celebradas manifestaciones. Su crácter sobrio y abstracto es motivo de inspiración para el diseño actual más vanguardista. Hay que decir que toda esta sencillez estructural responde a unos criterios perfectamente estudiados.

En el campo de la pintura, hay un buen número de artífices que desarrollaron esta estética. La pintura zen japonesa responde a los mismos principios de sobriedad, lo que a veces desemboca en unos resultados cercanos a la abstracción, en los que la idea cobra significado más allá de la forma, lo que viene a ser un anticipo de lo que, a nivel artístico, se vivirá en Europa con las vanguardias artísticas del siglo XX.

Nada mejor para ilustrar la pintura zen que esta obra que os presento, "El Universo", de Gibon Sengai (1751-1837). Con él, la simplicidad llega a sus máximas consecuencias, gracias a un trazo rápido y espontáneo. De lo que aquí se trata es de manifestar una idea, exteriorizar lo interior, haciendo válida la premisa de Suzuki Daietsu ("La belleza no está en la forma exterior, sino en el significado que ella expresa"). Quizás sea esta su obra más abstracta. Siguiendo a Daietsu, la idea que quiere dar esta composición monocroma a base de un círculo, un triángulo y un cuadrado, sería la siguiente:

El círculo, el triángulo y el cuadrado son la pintura de Sengai del Universo. El círculo representa el infinito, y el infinito es la base fundamental de todos los seres. Pero el infinito en sí mismo no tiene forma. Los humanos, dotados de inteligencia y sentidos, necesitamos formas tangibles. De aquí el triángulo. El triángulo es el comienzo de todas las formas. De él sale primeramente el cuadrado. Un cuadrado es un doble triángulo. Este proceso de doblar las formas sigue indefinidamente, y así tenemos la multitud de los seres, a los que el filósofo chino llama "las diez mil cosas", es decir, el Universo

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